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lunes, 2 de abril de 2018

LA PRESENCIA DE DIOS ES NUESTRO HABITAR

La presencia de Dios debe ser el lugar más deseado para el creyente, en este lugar suceden cosas que no las podremos entender si no las experimentamos personalmente, aunque nos las cuenten.

Las aguas del Espíritu, llegan a medida que nos sumerjamos en su presencia y cada vez que lo busquemos desesperadamente, recibiremos de ellas. 

Muchos pueden pensar que la presencia de Dios se encuentra en la iglesia y claro que lo está, siempre y cuando el Espíritu de Dios se mueva con libertad, desde la alabanza, danza, hasta la predicación y ministración.

Verdaderamente cuando Jesucristo entregó su vida en la cruz el velo del templo se rasgó, desde ese momento todo creyente que confiesa que Jesucristo es su único Señor, puede entrar ante su presencia, pero si no hay sed esto no podrá suceder.
Dios siempre ha estado interesado en cautivar nuestro espíritu para acercarnos a Él, pero muchas veces por los afanes de la vida, el enfriamiento o por el pecado, no nos dejamos cautivar. Incluso, decimos tener hambre y sed de Dios pero solamente acercándonos a Su presencia sabremos cuánto más queremos de Él, si hay una verdadera, sed no estaremos satisfechos hasta que Dios nos llene. Si realmente tenemos hambre y sed del Señor, debemos permitir en nuestro interior su presencia cada día (Isaías 55:1-3).

No lo dejemos en la iglesia junto al púlpito cada domingo, Él quiere  acompañarnos a donde vayamos, Él quiere ser nuestro habitar.

Oremos:
Padre, ayúdame a ser como el ciervo que clama por las corrientes de aguas, perdona todo pecado, todo resentimiento, indiferencia, los afanes de la vida, por favor cautívame cada día por tu presencia, es ahí donde quiero estar, manda a tu Santo Espíritu para ahí habitar. En el nombre de Jesucristo, amén.


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Deléitate con el video musical
Medley I (feat. Sabrina Solís)


martes, 20 de marzo de 2018

EL PODER DE LA PALABRA


Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?

La visión del valle de los huesos secos, que habla Ezequiel 37:1-14, es conocida por su promesa de resurrección y esperanza, aquí hay un punto significativo, “el poder de la palabra”. 


Dios le dio instrucciones a Ezequiel para que profetizara sobre algo muerto, cuando salió la palabra de su boca, los huesos oyeron y vino el ruido de la formación de los huesos, luego tendones, carne y piel, hasta su formación total.  Pero faltaba algo, no había espíritu, Dios le indica a Ezequiel que profetice: “Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán”, aquí es donde vino el Ruaj (palabra hebrea para el Espíritu que significa viento),  y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo.

EL PODER DE LA PALABRA DE DIOS DA VIDA
La visión de Ezequiel nos enseña a usar la palabra de Dios en medio de la sequedad. Los huesos secos eran la casa de Israel, estaba despedazada y sin espíritu, porque se había vuelto orgullosa e indiferente a Su palabra, dándole la espalda. Actualmente hay personas en igual condición, están espiritualmente muertos y despedazados, pero es el momento de levantarnos y declarar que nuestros caminos son los de Dios tal y como él nos habla en Levítico 26:3-10, recordemos que el libro de Isaías 59:21 nos explica que el Espíritu de Dios está de alguna manera unido a Su palabra, con esta gran verdad es tiempo de declararla.

Oremos:
Señor, he leído tu palabra y hoy me levanto a  profetizar sobre estos huesos que se han secado debido al pecado, a la indiferencia y a la rebeldía, ahora les hablo para que cobren vida espiritual. Jesús de Nazaret ayúdame a través del Espíritu Santo, te pido perdón por mis pecados, por favor renace en mi una nueva forma de vivir agradándote en todo lo que haga, todo aquello que está árido y seco, ahora cobra vida en abundancia, en el nombre de Jesucristo, amén.

Pastora Marina Sevilla
CCJP

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Mira el video:

En el valle de los huesos secos (Paul Wilbur)


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Una vez leí, “el corazón de una mujer debe estar tan oculto en DIOS, que un hombre debe buscarlo a Él primero, para encontrarla a el...